Definitivamente de repente es que nacemos, a cada instante algo renovado, interesante, que nos llena con su aire. Me duele el dedo de más grande que tengo en la mano izquierda.(Me tuve que detener para poder identificar, tanto cual era el dedo, como cual era mi lado opuesto al derecho, localizar el dolor y decir que el dedo del corazón me dolía… estaba detenido en observar con palabras este acto de escribir.)
Hay algo que nos aparta el camino del tiempo moderno, algo que va lento, en anacronía con el espacio-tiempo que se supone debe habitar en el momento; de esta forma se da por cabida la posibilidad que algunos actos, o una representación de un lenguaje desconocido o profundamente analizado, el tiempo se nos sea una ráfaga de imágenes sucesivas que dan la impresión de ligereza.
Era su delicadeza en el aire lo que me contuvo y detuvo de forma inmediata, la calidez de su forma al pasar mi faringe… frío y lente abordándome… podría explicarlo, decir que eran tantos árboles, específicamente exponer el número real de plantas que habitaban cada metro cuadrado, pero no eso no era, de pronto sentí que el tiempo disonaba a su alrededor, ya no iba; estaba.
Recordé con ánimo el nacimiento que se había dado en mí de repente, esa humedad en el espacio, entre los árboles me hacía sentir como hombre en medio de las montañas, detenidos al borde el limite más próximo, observando como en frente a ellos se extendían más, mayores, inmensas montañas que se diluían con el cielo, pero salí, estaba en medio de la ciudad, Avenida las Vegas, Medellín.
martes 12 de diciembre de 2006
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada